Cuando era chica escribía mucho, leía más y perdía menos tiempo. Hoy siento que algo falta, creo que independencia o algo parecido a eso. Añoro los tiempos anteriores a mis seis años de sufrida adolescencia, debo decir que esta etapa ha sido fatídica, me perdí por completo, tampoco me quejo del todo, porque conocí personas maravillosas, pero también llegaron a mi vida otras tantas que me gustaría jamás haber conocido. En fin, Nerea de 9 años tenía miedo a la oscuridad, pero no a lo desconocido, a Nerea de 12 no la detenía ninguna frustración, pero, Nerea de 15 fue asunto a parte. Ahora con mis diecinueve a cuestas me siento en un cascarón, lo confieso, le tengo más miedo al mundo que a las arañas mismas, quizá porque no lo puedo aplastar, pero tampoco lo puedo abrazar, o al menos eso es lo que siento. Hay días en que pienso qué sencillo sería si a todos nos pasara como al Benjamin Button, que fue a la inversa, pero otras veces, lo que quisiera es volver corriendo a mi infancia, la cual nada me quedo a deber, pero quizá el tiempo me la arrebató antes de que me pudiera dar el extra. Me reventó sobremanera que de pronto la infancia se terminaba, no terminé de vivirla, y, a veces siento que todavía estoy en ella, pero no encajo.
No encajo en un mundo que ya no es para niños, y aún menos en el mundo que cada vez tiene menos niños reales. Los niños me ven vieja y los de mi edad, rara. Allá afuera hay un mundo en el que llueve, y yo tengo miedo a mojarme. Pero sin duda lo más positivo de mi extraña patología es que todos los días siento que descubro algo nuevo, cada cosa me parece novedad, por más simple que sea.
En fin, el otro día leí un texto titulado "Las cuatro leyes de la espiritualidad", en él decía que las cosas llegan cuando tienen que llegar, cuando uno está preparado. Yo no sé si por pretexto, pero siempre he creído que las cosas que suceden son las que tienen que pasar, ni más ni menos, no creo ni en el hubiera ni en la suerte, son cuestiones del fracaso. Creo que si Dios me ha hecho de la forma que soy es con un propósito y que todo está fríamente calculado. En fin, esta reflexión, la puedo utilizar como motivo para otro post. Por ahora ya exorcicé un poco el coraje con el que vine corriendo al blog a desquitarme un poco de una plática que tuve con un viejo "amigo", que siempre me hizo sentir algo mal por mi forma de ser, bueno, siempre me la criticó, en fin, la magia de la escritura y de la música son únicas.
Esto me recuerda a algunas de mis entradas de cuando tenía tu edad. :E
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