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miércoles, 23 de junio de 2010

El colectivo no es tan malo, si le quitas la mala música, el mal conductor y dejas cosas así

Pretendía escribir una entrada larga, bonita, muy profunda, pero, realmente se me cortó la inspiración de lo que tenía que decir.

Hoy fue mi primera clase de step. Así nada más tomé la decisión. Me bajé de la bicicleta estacionaria y dejé que una amiga pusiera el coso que se usa para hacer aerobics, después pretendí tener ritmo y como siempre mi coordinación resultó un desastre. Cuando apenas ponía un pie en el que llamaremos "el coso" el resto de la clase ya lo tenía abajo, había dado una vuelta y estaba haciendo algo diferente. En momentos logré alcanzar a los demás y creo que me logré mover con algo de gracia. Pensaba frecuentemente en las clases de zumba del año pasado y lo sencillas que me resultaron, pero seguiré intentando con las que recién empecé.

Así cansada, descoordinada, algo mareada, subí al colectivo para volver a mi casa, no puse mucha atención, sólo pensaba en llegar a casa y sentarme un rato. De pronto recordaba la pizza que me comí en la tarde y a pesar de que estuvo deliciosa, me arrepentía un poco por habérmela comido, pues se me dificultó realizar los ejercicios. A mi arrepentimiento más tarde se le sumaría el saber que mi mamá me esperaba en casa con fajita de pollo a las finas hierbas, sopa y ensalada, ¡con lo que me encantan!

En el siguiente colectivo que tomé subió una familia: mamá, papá y dos niñas. Una tenía alrededor de nueve años, la otra unos dos. Deseé en ese momento tener una cámara a la mano, la imagen que me tocó ver fue bastante amena. El señor se sentó en el asiento adelante de mí junto con sus dos hijas. Era un hombre delgado y llevaba una enorme caja de cartón aplastada, por lo que al sentarse me dijo , con gesto amable que le avisara al bajar si era que la caja me estorbaba. En el trayecto pude ver como jugaba con sus hijas. La más pequeña iba pegada a la ventana mientras su papá la abrazaba, la otra se les unía en un gesto bastante dulce, mientras que la madre, que estaba sentada en el asiento que les separaba el pasillo, miraba tiernamente a su marido y a sus hijas. Fue una escena que me gustó de la vida, creo que me hizo el día. Me puso de muy buen humor y regresé a mi casa cargada de una energía que rayaba más en la euforia.

Recordé a mi familia, aquellos días sin auto, en el colectivo, con mi papá cargándome y mi mamá con la pañalera. Yo siempre decía alguna ocurrencia, que si olía mal, que si el señor de adelante tenía cara de esto u lo otro, que la música era fea, inclusive podía llegar a ponerme a cantar, feliz de la vida, porque iba con mi familia.

2 comentarios:

  1. orale, bueno ps io no recuerdo ninguna vez de haber viajado con mi familia completa en el micro, solo con mi mama y thalia xD
    bueno ps io odio los micros i asi pero ia ke xD
    nos vemos

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  2. Ni larga ni profunda, pero sí bonita. Yo creo que en tu lugar también me hubiera conmovido con la escena.
    Por cierto que yo tampoco anduve jamás en el micro con toda mi familia. D:
    Ándale Nerezontle, quién te viera con tanta actividad literaria estos días.

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