Él me lo presume, como si eso fuera hacerlo parecer más hombre ante mí y fuera a asombrarme, la verdad, lo hace parecer más infantil, eso me enternece, me gusta más.
Le choca algo de mí, pero sigue ahí, a veces no se acuerda que ahí estoy, y tengo que brincar haciendo piruetas, pero cuando yo me olvido de él viene tranquilo, callado.
A veces me pregunto si mi indiferencia y mi despiste no le resultan encantadores, a veces recuerdo románticamente fragmentos de los diálogos dichos en una serie sobre cómo un hombre se enamoró de una mujer ácida, tal vez imagino demasiado.
Yo lo que sé es que es un niño, y lo dejaré crecer, que tome confianza en sí mismo, y espero que venga tomarla sobre mí.
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