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miércoles, 6 de abril de 2011

Kenia (basado en hechos reales)

La llamaré Kenia y quien me conozca sabrá a quién me refiero. Nunca la traté demasiado, sí a sus amigas. Su fama no era la mejor, era algo más o menos que la peor. Era un grupito peligroso, no sabías que esperar de ellas y ciertamente creo, que se sentían muy solas.

La gente común, la gente que juzga todo las llamaba putas, con algo de decencia, zorras, pero ese mote tenían, no hacían mucho para librarse de él. Contaban sus parrandas y los días que pasaban en ellas. Recuerdo que cuando murió mi abuelita, yo andaba a media noche con mi primo en el centro, cerca de la funeraria, creo que andaban ebrias, llevaban aún el uniforme de la escuela, dijeron algo como (riendo) "quién la viera y no fue a la escuela", después les dije porque había sido y se sintieron mal, pero jamás me dio bronca, era el mundo en que vivían.

Hace poco, buscando, limpiando, no recuerdo bien, encontré un papel, de esas cursis dinámicas que haces en la escuela de qué piensan de mí. En mi hoja todos pusieron, eres buena onda, inteligente, niña linda, y hubo mala ondas que me pusieron que no me conocían y ni querían hacerlo. Kenia me puso, "tqm" (te quiero mucho), debo confesar que no me había fijado en aquel mensaje en el papel. Yo poco recuerdo de ella, pero no malos momentos, estuvo en mi primer equipo el primer día de clases y le gustaba el rock, después no sé qué la cambió y se olvidó de eso. Ya lo demás son cosas aisladas, la recuerdo con sus amigas y ya.

La vi el viernes, con un bebé y su pareja (o eso parecía), le sonreí, pero ella pareció turbarse y a pesar de querer devolverme la sonrisa, no lo hizo. No sé qué que pase por su cabeza, pero yo no pienso que sea menos (si es eso lo que pensó). Sí me inquieta, puesto que en la forma en que me educaron lo correcto es terminar de estudiar, trabajar y después, casarte, ya cuando tienes todo seguro para darle una buena vida a tus hijos y a ti misma; pero a pesar de eso, jamás la juzgaría, de hecho me gustaría volver a verlas, a ella y a sus amigas, en parte siempre que me he enterado de cosas que han hecho algunas personas que han pasado por mi vida y que me consideraban su amiga, me siento mal, con algo de cargo de consciencia, pero ese no es el punto.

El punto es, que si leen esto, sepan que aunque nunca se los demostré, les estoy agradecida, porque siempre me apreciaron y hasta metieron las manos al fuego por mí, eso ni las personas "decentes" lo hicieron y es algo que jamás olvidaré.

Lo único que deseo es que Dios las bendiga, a ustedes y a sus hijos y a sus familias, porque se lo merecen, eso y muchas, muchas bendiciones, porque a pesar de equivocarse, yo sé que Dios nos ve iguales y yo no tengo por qué hacer la distinción.

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