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viernes, 21 de diciembre de 2012

Una bella debilidad

Cuando me quiero acordar de ti, miro la única fotografía que tenemos juntos.

Fue el día que volviste, bueno, el día que te vi por vez primera cuando volviste, fui tan feliz ese día. Me enviaste un mensaje, en medio del barullo de muchachos y muchachas, en medio de las monjas, en medio de las oraciones y los cantos a María. Así llegó el mensaje a mi celular y yo lo miré y me llené de emoción ¡cuánto te había esperado!

Y me viste cantar y hacer el ridículo, rezar. Me encontraste en el que solía ser mi hábitat, hasta que me terminaran de romper el corazón.

No recuerdo si para ese entonces ya estaba devastada por completo, trato de mirar a esa temporada y todo es borroso, no hay líneas, no hay nada más que tu volviendo.

Recuerdo que pasamos toda la tarde juntos, hasta que cayó la noche y ya nadie estaba en el patinadero, sólo mis dos antiguos grupos de jóvenes. Marco se nos acercó, me preguntó si éramos novios. Será que nos vio a lo lejos sentados en la barda, con las piernas unidas, mirándonos ilusionados...

Pero tú te fuiste por tu lado porque yo parecía muy triste por él. Creí que te había olvidado, pero no fue así, o al menos es lo que parece. Soy de las que pocas veces se enamoran, de ti, creo que lo estoy.

Creo, o será el capricho que me han provocado los besos que nos damos cada que estamos juntos o será cualquier cosa, que ya me he acostumbrado a ser tu sombra...

Aunque a veces me pongo a pensar ¿yo y cuántas más? Yo no soy tonta, si ella, me dijo que si tú, que si tu consumo, que si esto, es porque algo hubo ¿o será mi imaginación?

No tengo idea, pero por ahora está bien que seamos una hermosa debilidad el uno del otro, así jamás nos aburriremos estemos con quien estemos.

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