Amo la sensación que me queda cuando leo un libro con el que, por lo menos, con un personaje me he sentido identificada, o con una película. Puedo enloquecer, puedo recomendarlas una y otra vez, porque he encontrado algo de mí en ellas, no sé si porque soy una mujer muy común que los directores o escritores captan de las mujeres lo que nos hace iguales o porque estos genios han tenido sentimientos tan terrenales.
Me pasa con mis favoritos, tanto del cine, como de la literatura. Si por algo amo los libros de Isabel Allende, es porque sus historias las siento contadas en mi lenguaje, con mi visión del mundo, a pesar que son tan universales, tan alejadas de mi realidad tan pequeña. Lo mismo me ha pasado con mi reciente descubrimiento del cine de Almodóvar. Las mujeres de sus filmes están tan desesperadas, él es experto en retratar eso. Cuando vi "Mujeres al borde de un ataque de nervios", entendí que Pepa, bien podría ser yo, tan dispuesta a hacer locuras por un amor, que juega con todas. Este director dibuja nervios, celos, tristeza, desesperación femenina, esa desesperación que muchas veces me carcome.
Por eso también soy tan adicta a las comedias románticas. Ver que esas mujeres bellas, pero imperfectas, tienen algunas cosas similares a mí, me veo reflejada, eso me emociona. Amo llorar con una película que me conmueva.
A pesar que en la vida real soy poco demostrativa de afecto y más de caprichos, la verdad es que soy un puñado de sentimientos, que a veces no puedo con tanto.
Y si escribo esta entrada es porque hoy me han conmovido historias de películas, las comedias románticas. Amo las historias, amo inventarlas, amo verlas, amo escucharlas. Cómo los escritores o los directores, crean hermosos horrocruxes. Un reflejo de sí mismos, de la universalidad de los sentimientos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario