Llamarte con el pensamiento no funciona, puesto que sólo te traigo a la mente para ubicarte en el subconsciente de los sueños. Hasta ahí llegas, después mis sentidos hacen de ti lo que quieren, te ubican dándome un beso o rodeándome la cintura al caminar, también te pueden ubicar desayunando conmigo en una fonda, pero aquí, en este momento, nada te ubica.
Llamarte con el pensamiento, que es lo único que me queda, gritarte un par de palabras insonoras, invisibles, tratando, con el corazón a galope sincero y las manos temblorosas. Te llamo con la mente, te llamo en sueños, te llamo escribiéndote, creándote una y otra vez desde mi mundo. Te escribo, te borro, te dibujo con palabras, y miro tu sonrisa en mi imaginación, para pintar en mi rostro una sonrisa.
Y el pensamiento, la razón que me mueve, ha decidido vivir todo lo que provocas, sólo sentirlo, no arriesgar más que la mirada, no arriesgar más que una sonrisa, más que los nervios de verte, de escucharte, de sentirte cerca y no hacer nada, mas que mirarte y seguir así con un par de conocidos, como un par de amigos.
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