Parecía dormir, hermoso como siempre, blanco y algo sucio. Sus enormes dientes salían de su hociquito y era increíble saber que ya no despertaría más. 'Despierta, chiquito', moví la jaula, pero no, seguía echado entre la paja y con su vasija aún con agua y algo de zanahoria. Yo soy un rábano y a veces tardo en sentir, así que pude decirle a mi mamá y a mi papá la noticia por teléfono sin problema, pero decírselo a mi novio me desarmó y no pude contener los sentimientos. Lloré, me calmé, sabía que el día tenía que continuar, y así fue.
Recuerdo que llegó un día después de que murió Tomito, nuestro anterior conejo, que sólo nos duró un mes, mi papá lo compró para tranquilizar a mi hermana y creo que Shesso, tan inteligente, sentía que era el sustituto de alguien más, porque se portaba rebelde e insolente. Tuvo que hacer muchos méritos para ganarse nuestro cariño, tardamos en quererlo hasta que un día lo vimos lavar sus orejas, lucía hermoso... extraño la textura suave de sus orejitas.
De Shesso tengo muchos recuerdos, sus escapes y la manera tan curiosa en que se tiraba en el suelo desparramado con las patas extendidas y las orejas hacia atrás, ¿mencioné que amaba sus orejas?
Sheccito era el consentido de todos: mis amigos, los de mi hermana, de mi papá, que era más cariñoso con él que con nosotros.... A veces se echaba a un lado de la silla de mi abuela mientras rezaba, otras entre las sillas de nosotros en el patio mientras charlábamos en las noches, se comía el albahaca y mi abuela hacía mil rabietas.
Este pequeño post, es un homenaje a una mascota que nos dio momentos maravillosos, que fue amigo, compañero y hasta mi modelo cuando lleve fotografía en tercero. Se va a quedar en una foto 8x20 con una feliz niña cargándolo entre matices de la escala de grises.
Shesso vivirá siempre en nuestro corazón...
Qué triste Nere, yo creo que a casi todos nos ha tocado la muerte de una o varias mascotas y es siempre una pequeña tragedia que no deja de ser una tragedia. Como dice una canción de La Oreja, la vida más pequeña vale mil veces más [...]
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