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miércoles, 18 de mayo de 2011

El último adiós

Puedo leer tus cosas y ya no me lastiman. Lloro, pero no como ayer de impotencia y dolor, sino como quien mira una película y se conmueve. No te lo voy a negar, mis manos tiemblan, pero estoy aprendiendo a ser un espectador de tu vida como tú lo eres de la mía.

El espectáculo sigue y yo busco mi felicidad, me doy cuenta que eres como la muerte: hay vida después de ti. Me lo dijo una de mis mejores amigas, me lo dijo mi madre, me lo dijo mi abuela y hasta mi pequeño hermano, pero tiempo atrás, hace unos meses me negué a creerlo.

Hasta que al fin ocurrió. Una curiosa criatura se atravesó en mi camino y todo cambió de forma radical. Me invadieron los miedos, sabía que había algo y no me lo podía explicar. No era el miedo vehemente que tenía antes, sino otro, ¿el miedo a amar, a ser amada?, ¡qué se yo!, lo único que te puedo decir ahora que mi miedo se llama no estar a su lado.

Nos unió una canción, él no tuvo que cambiar nada para ser quien necesito. Cámara en mano, música alto y así se dio. No nos dimos cuenta cómo fue que estuvimos decidiendo que debíamos estar juntos, sólo se dio. Un mediodía me encontraba sola y acompañada, como me conoces que siempre estoy, mi depresión era una constante, mi compulsión repulsiva, pero mis ganas de estar con él, eran más grandes. El viento lo anunciaba, el clima, la soledad y la calma que invadían ese lugar, ¿será tiempo? En mi último momento de muerte, antes de resucitar al amor, pensé en ti, tuve mis dudas y un terrible miedo de ser como tú, pero me los tragué por mi bien, porque pensar en ti no siempre ha sido lo que más me ha funcionado.

Y le pedí sin pensar un abrazo y de ahí ya no me suelta, pero ese mediodía no fuimos nada hasta la siguiente mañana que decidimos prolongarlo. Nos vimos y en automático nuestros cuerpos corrieron al encuentro. Estábamos a escasos centímetros unos labios de los otros, podía sentir su aliento y su respiración, podía admirarlo todo de cerca, ¿qué nos sucede? No lo sabíamos. No recuerdo si en los momentos en que no estábamos abrazados nos tomábamos de la mano, probablemente sí. Después la continuación del abrazo y finalmente, un beso. Algo, no te sé decir qué me llevó a hacer la pregunta: ¿y si lo intentamos? Él de inmediato tomó el mando y con el mismo beso, me respondió que sí. De pronto el cielo, el suelo y el mundo cambiaron y se abrió otra etapa de mi vida. Moría lentamente aquella que pensé contigo, también la que llegué a vivir a tu lado, alimentándome de tu idea y tu recuerdo.

Aún estoy acostumbrándome a mi nueva vida, me resulta diferente y no termino de conocerla por completo, pero debo admitir que es más bonita. Las compulsiones vienen más seguido, y más variadas, pero tengo la fuerza del amor para luchar contra ellas. Sentí el deseo de contarte todo esto, porque a pesar de todo te considero mi amigo, ese alguien especial que me admira, aunque no termina de estar de acuerdo con todo lo que soy, porque sé que tengo en ti a alguien que jala mis orejas si me equivoco y si no doy las gracias por un favor. Ya no soy soberbia, no por ti, no sé por qué.

Tengo que decirte que esta es la última vez que escribo algo en tu nombre. Y no es más que para notificarte lo que ha sido de mi vida sin ti, porque tú ya no te has aparecido en la mía. Hoy deseo que seas feliz, rezo constantemente para que Dios los cuide a ti y a ella, para que proteja su amor, para que lo haga vivir por siempre, yo por mi parte cuido el mío de todo el mal como ella cuido del de ustedes dos, incluso de mí. Aprendí a luchar por lo que es mío y a agradecer los sacrificios, espero que ustedes agradezcan el mío siendo felices, pues es la única manera en que me quedaré tranquila. Cuídense mucho y no hagan realidad mi pesadilla de verlos acabados por los errores de la pasión, sino que triunfe su amor sobre eso.

Pido permiso a mi amor, para informarte de lo anterior y para decirte esto: fuiste uno de los más hermosos capítulos de mi vida. Sentí el amor contigo y estoy agradecida. No sabes lo hermoso que fue cada minuto a tu lado y hasta el dolor me supo a miel por ti. Pero esta es mi carta de despedida. Lo que el orgullo y el miedo vaticinaban, hoy es ese momento que tanto temí y del que ahora río. Hoy es la vida que existe después de ti y en la que no creía. Hoy tiene un nuevo rostro mi sueño. Hoy soy la mujer detrás de un gran hombre y él es el hombre que me impulsa a escribir e incluso a creer. Hoy dejo de ser una extensión de ti, para ser una de mi misma. Hoy no me queda más que madurar para ser para él y dejarme de tonterías y trampas que me pone el corazón que tan temeroso volviste para dejarse sentir el amor. Hoy voy a golpear todo el dolor y a pensar como mujer, para ser todo lo que él necesita.

Hoy te puedo decir amigo y adiós al que fue mi amor.

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