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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Con las manos hacia abajo

Ella se fue el viernes. ¡Maldita sea!¡Todo por el cerdo dinero! Se fue y no pensaba despedirse de nosotras, si no es porque nos la encontramos, simplemente se habría desaparecido, como por arte de magia, tal como si se la hubiera tragado la tierra. Habría regresado a su cochina costumbre de esfumarse silenciosamente. No se lo reprocho, debe sentirse secretamente avergonzada de las razones porque se va, pero, soy su amiga, por qué jamás me mencionó nada. Sí, yo entiendo que crea que soy una loca bipolar, lunática, extravagante, inmadura, tal vez, pero yo esperaba que me tuviera más confianza, probablemente no le pudiera solucionar sus problemas, pero si aminorarlos con mis palabras, que no son las más sabias, pero si las más sinceras.
Ha prometido que vuelve, pero honestamente, lo dudo. De lo único que tengo certeza por el momento es que no iremos al gimnasio, ni a jugar basquet ball los miércoles por la tarde; tampoco entraremos juntas al grupo de teatro de la universidad, en fin, no se materializarán por el momento ninguno de nuestros planes. Ayer un chico enorme me recordó a mi amiga y en estos días me he sentido muy sola.
Sin embargo, todo lo que ha sucedido en estos días, es un golpe de la realidad, que me grita que aquí está, que mis sueños son frágiles y en cualquier momento podrían desquebrajarse. Y sí, la realidad es que los jóvenes de ahora hablamos con las manos hacía abajo como si llevaramos sobre nuestros hombros una invisible masa de incalculable peso. Que este mundo nos exige cada vez más y nos reduce a una juventud cada vez más efímera. Estamos atados de una absurda manera a las exigencias a las que estamos acostumbrados, a vivir rápido, a sentir las oportunidades cortas y las necesidades a la vuelta de la esquina. Y los sueños... los sueños junto con los deseos se quedan con los emails antigüos atorados en la bandeja de entrada y se borran cada vez que la limpiamos y vuelven a acumularse y a desaparecer. Y sí, muchos de los que estamos haciendo lo que realmente queremos, de igual manera, nos sentimos fracasados. Deberíamos estar haciendo lo que hace el resto para progresar. Muchos dicen que el arte no me llevará a ningún lado, que francamente estoy perdiendo el tiempo.

1 comentario:

  1. Vaya, qué muchacha más interesante. Ojalá encuentro pronto el ambiente donde su desenvolvimiento sí sea exitoso.
    Con respecto a ti Nerea, no hay que dejar el arte a menos que así lo sientas. Tal vez no lo vas a volver tu forma de ganarte la vida, pero en nada malo te afecta practicar sus expresiones.
    Ah, y no entendí la metáfora "con las manos hacia abajo" :S

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